Tres historias de feriantes cruzadas por Lo Valledor

HISTORIAS DE FERIANTES LO VALLEDOR (7)

Para los feriantes, que acuden normalmente a realizar sus compras al Mercado Mayorista Lo Valledor, éste forma parte de sus vidas, de su cotidianeidad; sus historias de vida están marcadas de alguna u otra manera por este gran mercado de abastecimiento. Fuimos tras algunas historias, desde vivir el terremoto del pasado 27 de febrero, hasta feriantes que compran de pequeños acompañando a sus padres y que se criaron entre sus calles y su movimiento incesante de camiones, agricultores y comerciantes.

Una historia de amor

Myriam Cárcamo (37 años y 3 hijos; de 21, 5 y 2 años) jamás imaginó que, tras un fracaso en su relación afectiva, llegaría a conocer el amor en forma casual y furtiva, menos que iba a ser un extranjero. A Jhonny Del Moral lo conoció hace un año aproximadamente, un venezolano que trabajaba en uno de los puestos de Lo Valledor, en donde ella  normalmente compraba las papas, su producto estrella en la feria de Cerrillos. Recuerda exactamente la hora, “eran como las dos de la madrugada, en una esquina compré como 60 sacos de papas, pedí que me cargaran la camioneta, pero cuando me estoy yendo, un hombre me toca el hombro y pide mi teléfono, diciéndome que era para mandarme información de los productos”.

Ella se lo dio, pero nunca más supo nada. Pasaron unos meses, y para un 18 de septiembre, exactamente hace más de un año, le llegó un extraño mensaje de whatsapp y comenzaron una relación virtual hasta que se conocieron, para un cumpleaños de uno de sus hijos. “Lo vi y fue amor a primera vista, él es venezolano, un hombre alegre, tranquilo, trabajador, de casa. Con ese hombre me saqué la lotería”, dice convencida.

Myriam Cárcamo y Jhonny Del Moral llevan un año de relación y viven juntos. Y, aunque él ya no trabaja en Lo Valledor, juntos siguen comprando en el mercado, porque él vende verduras y frutas en Estación Central, mientras ella lo sigue haciendo en Cerrillos, desde hace 20 años, desmitificando el hecho de que ser mujer sea un impedimento para trabajar en un rubro rudo como el de venta de papas. “A mí esto me lo ha dado todo, he podido criar a mis hijos, darles todo lo que necesitan y ahora de conocer a mi compañero”.

HISTORIAS LO VALLEDOR

Matrimonio Alegría- Garay de Cerro Navia que vivió el terremoto del 27 F.

Un verdadero remezón

Aquella madrugada del sábado 27 de febrero de 2010, a las 3: 34 A.M, el matrimonio de feriantes de Cerro Navia, Cecilia Garay y Salvador Alegría, estaba casi finalizando la compra normal de su semana, cuando comenzaron a sentir el remezón de magnitud 8,8, que azotó al país, con un posterior maremoto en la zona central de Chile.

“Nunca pensé vivir un terremoto allí, yo le tenía pánico a los temblores”, relata Cecilia Garay. Pero acepta que- curiosamente- esta experiencia le sirvió de terapia porque se sintió tranquila y relajada. No olvidará el sector de la calle 14. Sólo unos focos cayeron y un poco de alboroto, pero nada del otro mundo, recuerda. “Fue peor cuando salimos de allí y volvimos a la casa, había polvareda por todas partes y mucho pánico”, relata Cecilia.

Salvador Alegría, su esposo,  tuvo la misma impresión, señalando que vivieron un terremoto en paz, muy calmados y con todo bajo control, porque “no se cortó la luz ni hubo accidentes, inclusive muchos siguieron comprando”. Ambos señalan que esa compra en Lo Valledor fue esencial para los días posteriores, el mismo sábado 27 y domingo 28 de febrero de 2010, porque la gente se agolpó en las ferias libres, ya que mucho comercio cerró sus puertas o fue saqueado. “Fueron días de mucho desahogo de las caseras y caseros en la feria y compraban muchos alimentos, porque tenían miedo”. Entrevista en Feriante TV: https://www.youtube.com/watch?v=XBWmX9RfCwo

HISTORIAS DE FERIANTES LO VALLEDOR (5)

Fanny compra dos días a la semana en Lo Valledor y practica toda una rutina de compra, que la hace una “experta” en el Mercado. Compra cerca de 500 kilos de alimentos cada día.

La experta en comprar verduras desde los 12 años

“Conozco el Mercado Mayorista Lo Valledor desde los 12 años, cuando iba con mi mamita Adela Farías”. Así parte contando Fanny Gajardo (feriante de Peñalolén) su relación con el mercado. Al principio, en los años 60’ y 70’, todo era muy rudimentario, señala. “Había mucho barro, se compraba en carretas. Iba con mi mamá temprano, 7 u 8 de la mañana, y lo primero que hacíamos era tomar desayuno en unos carritos. Mi mamá guardaba las cosas en sacos y llevábamos todo en un carretón y nos tomábamos una micro. Parábamos en la Av. Matta y echábamos todo arriba y llegábamos a la feria”. Con enorme esfuerzo físico, recuerda que eran tiempos lindos, pero en los cuales ser feriante era más complejo y esforzado. La camioneta no llegaría hasta los 80’.

De su mamá heredó su especialidad en la feria: la venta de ensaladas. “Ya entonces ella vendía ensaladas picadas semielaboradas, como se llaman hoy, y mi papá la ayudaba y le fabricaba herramientas para picar, ¡él era el inventor!”, dice emocionada.

Hoy, Fanny se ha hecho muy conocida en su comuna y a nivel nacional como la creadora de las bandejas de chapsui y cazuelas, carbonadas, menestrones y un cuánto hay de comida casera, preparaciones que se han ido perdiendo y que ella elabora para que sus clientas se las lleven listas para servir a sus hogares y se alimenten sano. La mamita Adela le enseñó la idea, que hoy ella perfecciona mediante cursos de capacitación, ya que su objetivo es crear, junto a otras mujeres feriantes, una Pyme el primer Centro de Producción de Alimentos Saludables (Cepas), con apoyo de la Confederación de Ferias Libres (Asof), contando con los permisos sanitarios requeridos y, así, ofrecer el mejor producto a sus clientes. En sus 30 años comprando en el Mercado Lo Valledor, habla de sus rutinas y cuánto ha aprendido comprando durante este tiempo, al menos dos veces a la semana. “Comprar no es fácil, compro cerca de 500 kilos de alimentos cada vez que voy, entre papas, repollos, ajos, cebollas, pimentones, zanahorias, por mencionar algunos productos. Y hasta el día de hoy a veces me pasan tallas, como que las lechugas vienen con bichos porque no me di cuenta al comprar”, dice.
Es por ello, que su horario de compra es a las 7 y media, porque puede ver lo que le venden sus proveedores y en detalle. “La verdad es que ser mujer no me ocasiona ningún inconveniente, porque me ayudan a echar todo a mi camioneta. Lo pesado viene cuando llego a casa, porque debo descargar y preparar mis alimentos (picarlos y procesarlos), armar las bandejas para vender al día siguiente que me coloco en la feria: los miércoles, jueves, sábados y domingos”.

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